La
Cultura de la Violencia: La Transgresión y el miedo
de los adolescentes
Alejandrina Silva *
alejandrinasilvag@gmail.com
La violencia estructural en el mundo actual
nos obliga a vivir una “cultura de la violencia”, que no percibe las
consecuencias del futuro inmediato en la vida de los seres más frágiles en
nuestra sociedad, los adolescentes. El presente forma parte de un trabajo más
amplio, e intenta abordar el problema desde una perspectiva interdisciplinaria.
En Venezuela, lugar geográfico donde se escribe este articulo, vivimos desde hace 15 años una situación de violencia programada desde las mas altas esferas del gobierno, donde el discurso político ha sido de ataques, epítetos y des calificaciones, hacia el pueblo. Este insólito hecho, ha permeado a muchos jóvenes que no han tenido una socializacion primaria de valores fundamentales en el hogar, que han vivido situaciones violentas en su entorno y o que han sido socializados con sus pares etareos en la violencia callejera
Asistimos
a un nuevo orden mundial de la desdicha, la miseria y el dolor y vamos
descubriendo con asombro, (los que aun tenemos esa capacidad) que siempre
aparece una forma inédita de violencia, pareciera que la imaginación humana no tiene límites para inventar nuevas
manifestaciones de la misma.
La
discusión teórica quedo atrás en la relación del hombre, la violencia y la
cultura, y encontramos una concurrencia de opiniones que reconoce que la
violencia ha acompañado al hombre a lo largo de la historia documentado en las
primeras imágenes y representaciones encontradas del hombre en la tierra. El
antropólogo Ashey Montagu, refiriéndose a numerosos estudios neurológicos nos
dice que “el cerebro esta programado para la agresión”. Constatamos que los términos de agresividad y
violencia suelen a menudo confundirse, por eso
es necesario distinguir entre la potencialidad de los seres vivos a la
agresividad, que no necesariamente debería ser violenta ni negativa, pues les
permite en situaciones de peligro hacer uso de ella, hasta proteger o salvar su
vida, por otra parte, la violencia si
pareciera ser una invención cultural y
es por eso que cada sociedad ha intentado controlarla de acuerdo a normas
previamente establecidas.
.La
cultura y las civilizaciones por su parte, se
han visto en la necesidad de concebir
reglas de juego para limitar el uso de la violencia tratando de permitir
la convivencia más armónica, al mismo tiempo, que se ha autoriza tácitamente
una suerte de sofisticación de la misma, que descubrimos en la aparición de
nuevas formas de ejercerla, desde el terrorismo común, pasando por el bacteriológico,
químico, nucleares etc. En todo el mundo
y en todo momento se cometen acciones abominables
contra niños, mujeres y pueblos enteros, la violencia se revela así como el
sujeto principal de la vida y la historia humana, se ejerce de forma
sistemática, siendo sus victimas principales los más débiles .
Históricamente,
el desarrollo cultural y la dinámica social, con el uso de leyes y normas
religiosas y civiles, posibilitó sólo por
períodos un orden en las tensiones sociales, permitiendo cierto respeto por los
otros, sin embargo, pese al castigo por infringir las leyes y a la represión
existente, pareciera que arribamos a un momento de ir-respeto total hacia el sistema
establecido, donde la inseguridad
creciente es la única certeza y el
respeto a la vida ha perdido todo significado y con ello los valores
consecuentes, sobre todo cuando se habla
ya sin cuestionar de “la cultura de la violencia”.
Ubicados
en este contexto, me referiré a los efecto en jóvenes y adolescentes que causan
la tolerancia social de la violencia que se manifiesta en el vandalismo en el
medio urbano, al mal trato del otro, a
la violencia psicológica, que minan el sistema de normas y valores, fundamentos que dan sentido a la vida de los
individuos, desmoronando en lo personal la autoestima y la confianza en los
otros, pilares del sistema social, de la estabilidad del mundo y el orden
existencial. El daño de esta violencia
no afecta solamente al individuo que la sufre, sino que es perpetrada contra un
colectivo, incluye maltrato verbal, acoso, reclusión, humillaciones miradas y
permanente desaprobación., se manifiesta frecuentemente en forma de bromas,
comentarios, burla, amenazas, desprecio, difamación intimidación llegando hasta
insultos en público. No necesitamos
demostrar como este flagelo descrito de la violencia afecta a todos por igual,
pero creemos que afecta de manera especial, quedando como impronta a veces
irreversible en un grupo etáreo, tan
vulnerable como es el de la adolescencia, en plena búsqueda y construcción de
identidad que cada uno de ellos intenta resolver, como puede.
.Por
otra parte la adolescencia es un período a lo largo del curso de la vida que
Se
caracteriza entre otras cosas por la transgresión a las normas y valores aceptados por el colectivo, estos comportamientos
desafiantes en si mismos, son el resultado de la necesidad de cruzar las
fronteras de cierta autonomía, si agregamos a estos comportamientos naturales,
que son necesarios experimentar propios de esas edades, que no están enmarcados
en ningún mapa de rutas
“El
mapa proviene de la no conciencia de límites entre lo individual y lo
social… La mayoría de nuestra población
no tiene una posición filosófica acerca de si mismo, la vida, el país, que le
dé un sentido a su existir, a sus comportamientos. La mayoría viene de lo
imprevisto.” Manuel Barroso (1995)
Otras
manifestaciones de la cultura de la violencia permisada es el abuso de alcohol y drogas, agresiones
entre grupos y que forman parte de la violencia estructural, son prácticas y
agresiones interpersonales rutinarias que “normalizan” la violencia a un nivel
micro social como son los conflictos domésticos, sexuales, delictivos menores
uso y abuso de sustancias alucinógenas o drogas ilegales, enquistada en los
ordenes sociales represivos, es de naturaleza abstracta, ya que no puede ser atribuida
a ningún organismo en particular, es vista naturalmente y practicada
impunemente por todos los miembros de la comunidad, detrás de esta violencia
están todo tipo de desigualdades sociales, sobre todo en la distribución de la
riqueza y el poder. Estas agresiones
socialmente soportadas y toleradas, que trabajan a un nivel íntimo de
dominación, sin reconocer las estructuras de poder y donde los dominados
colaboran en su propia opresión son
definidas por Bourdieu(1997) como Violencia simbólica: humillaciones y
legitimaciones de desigualdades y jerarquía internalizadas, que incluyen desde
el sexismo y el racismo hasta las expresiones intimas del poder de clase. Se” ejerce a través de la acción de a
cognición y el desconocimiento, del saber y el sentimiento, y actúa con el consentimiento
inconsciente de los dominados.
Tres maneras destacadas de relacionarse con la violencia:
En términos generales hay una suerte de
ambigüedad en relación con la violencia, que se evidencia de manera clara en
ésta “cultura de la violencia”, por una parte, ante un atentado civil o militar
se produce una reacción de condena moral, generalizada de la población ante
este hecho concreto, que parte de los cánones políticos y morales establecidos
y en vigencia. “Cada uno piensa si yo
hubiese estado allí “
Por
otra parte, la violencia puede legitimarse, para algunos, a partir de la
liberación de situaciones intolerables, algunos las llaman revoluciones, sin
considerar jamás las acciones y los medios violentos que se emplean a tal fin. Esta legitimación la explica de manera
magistral Walter Benjamín. “La violencia como medio es siempre, o bien
fundadora de derecho o conservadora de derecho. En caso de no reivindicar
alguno de estos renuncia a toda validez. De ello se desprende que, en el
mejor de los casos, toda violencia empleada como medio participa en la
problemática del derecho en general" Para una critica de la violencia,
1921. La mistificación de la violencia
que intenta justificarla por causas nobles, se cae por su propio peso, porque
el fin siempre es una atentado para la dignidad humana y está al mismo nivel
que la justificación de la limpieza étnica, guerras religiosas, genocidios,
tortura, delincuencia y terrorismo, campos todos fuera de la moral. La violencia debe ser condenada en todas sus
formas, venga de donde venga.
La
tercera posición, que viene a recrearse en momentos de inseguridad y de miedos
en que vivimos, promovida y permanentemente reforzada por los medios de
comunicación y de entretención de masas y que al representarla la banaliza de
tal manera que la convierten en una
realidad virtual casi inconcebible, pero para la gran mayoría, éstas representaciones alimentan
acciones que a su vez hacen posible y dan cuerpo a las representaciones,
se crean situaciones psicológicas cada ves mas perversas, reforzando la
violencia estructural, presentando modelos y tipos de acciones particulares
factibles y comprensibles. La
trivialización del mal es un arma para crear miedos.
La
mayoría de los programas de la TV,
en un día cualquiera, están plagadas de violencia, pareciera que el peligro, el
miedo y la violencia son un fin en si mismos.
Se han escrito muchos estudios sobre el efecto que estas imágenes
causan sobre todo en niños y
adolescentes, que son los más afectados
por estar en una etapa de búsqueda de identidad y formación de personalidad.
A
partir de la explotación desmedida de la imagen, que se centra en el
pensamiento primario a diferencia de la lectura que lo hace con el pensamiento
secundario, procesando la información por medio de la razón, la imagen capta de
forma inmediata, la llamada inteligencia visual, relaciona lo que capta a
partir de la propia imagen, actúa sobre la subjetividad y la comprensión de
carácter emocional y la interpretación de la misma es absolutamente arbitraria
para cada espectador.
Edgar
Moran al hablar de la construcción social de la realidad nos dice: “Nuestras
percepciones se dan bajo el control, no
sólo de constantes fisiológicas y psicológicas, sino también de variables
culturales e históricas. La percepción visual experimenta categorizaciones,
conceptualizaciones, taxinomias que van a jugar en el reconocimiento y
localización de los colores, las formas, los objetos. El reconocimiento intelectual se organiza en
función de paradigmas que seleccionan, jerarquizan, rechazan las ideas y las
informaciones así como en función de significaciones mitológicas y proyecciones
imaginarias.(1991:24)
El cultivo de la violencia : A partir de 1990 una ola de películas
realizadas por Oliver Stone, Quentin Alcantarino, John Woo, entre otros, cuentan historias que parecieran girar
al rededor del protagonista
principal “la violencia”, presentada de forma gratuita, no organizada
sin rumbo, sin principio ni fin, este flagelo es mostrado como el estado
natural de las cosa.
Este
tipo de espectáculo, que contribuye a desnaturalizar el fenómeno, escapa a lo
que algunos críticos defienden como la catarsis social atribuido al rol del
cine.
La
estética de la violencia cambia la visión de entretenimiento de los jóvenes,
quienes parecieran exigir en los contenidos de las series una violencia cada
vez mayor y se inventan continuamente nuevas perversiones para ser aceptadas
por el público. Aparecen los animé, fílmicos
para adolescentes y series como MTV. Y los vídeos musicales, que son junto a
los animé lo que más consumen los jóvenes, que compiten en mostrar en un tiempo récord, el mayor número de escenas cada vez más escandalosas y violentas. Como
ejemplo en el vídeo del dúo de música pop
t.A.t.u. “All that things she said”, dos
jóvenes rusas que aparecen besándose gano el récord de sinfonía en todo
el mundo en el año 2003 y por supuesto el récord de venta. Se vende no por la
calidad de la música, sino por la audacia de las imágenes.
Así
los elementos de la cultura pop que hasta entonces parecían estar sustentados
en el lema de los años sesenta sexo, drogas, amor y mucho amos, se centra ahora
en un solo leiv motiv: violencia, violencia y violencia en la fascinación de
las imágenes.
Este
es el mundo donde han nacido y viven nuestros jóvenes, adolescentes y niños,
socializados por la TV
y por juegos de vídeos, ante la mirada
impávida de los adultos que los demonizan, los estigmatizan, los utilizan, pero
no dan soluciones a problemas concretos,
convirtiéndonos en cómplices de una situación que se nos escapa de las manos.
Los
riesgos a los que nuestros jóvenes se enfrentan en Venezuela parecieran ser
mayores, que en las generaciones anteriores
La
complejidad actual del mundo y de
nuestra sociedad, en particular, donde
la distribución de la riqueza, que se traduce fundamentalmente en salud,
trabajo y educación es arbitrariamente injusta, evidentemente se refleja en la
socialización de nuestros jóvenes y sus oportunidades de vida; la transición de
este grupo en esa etapa de cambios, tan crucial de la vida conlleva desafíos y
riesgos que afrontar y donde la mayoría
de ellos no esta preparado para hacerlo
¿Quienes son los adolescentes?
Al
examinar un período histórico, mas o menos largo, encontramos que el termino adolescencia es relativamente
reciente, inventada ante la necesidad de la industria de formar mano de obra
entre la niñez y la adultez, por lo tanto es un transito, de pasaje en términos
antropológicos, es una etapa iniciativa que se ha ritual-izado y extendido en
los últimos cincuenta años. Se basa en
una etapa biológica de cambios importantes y que ocurre entre los 12 y 20 años.
“…la
adolescencia, lejos de ser una recapitulación pasiva del pasado, constituye una
etapa de la vida dedicada a una revisión vigorosamente activa de la primera
infancia y la niñez. …Es un espacio pleno de historia y potencialidad” Louise J. Kaplan 1991:14
Los
neurólogos identifican la agresividad y
el miedo en los neurotransmisores ubicados en el lóbulo temporal derecho. Estos
neurotransmisores que juegan un papel fundamental en el desencadenamiento o
inhibición de la agresividad y violencia, que está a menudo ligada a la presión
de grupos, también en la cólera, los
responsables biológicos son la
serotonína, testosterona, corticosteroide.
Esto explicaría en parte los cambios bruscos de humor, la facilidad para
la cólera o la falta de interés, conductas que los adultos no entendemos, pero que son posibles de explicar y de
educar.
A
diferencia de lo que muchos creen , es necesario desprenderse del mito de que
todos los adolescentes son iguales, lo que realmente los une es la
incertidumbre de vivir en un mundo que no comprenden, y un sin fin de preguntas
que les produce ansiedad y angustia, al no poder manejar situaciones
desconocidas y al mismo tiempo
presionados para que actúen, o hagan determinadas cosas que los adultos exigen;
para poder entender sus diferentes formas de vivir esta etapa de la vida es
necesario que los adultos tomemos en cuenta el momento histórico y el panorama
social que les ha tocado vivir, los espacios donde se mueven o la falta de los mismos, su entorno socio
cultural, la interacción familiar y su grupo de pares y el lugar que ocupan
dentro de un sistema social desfavorecido para la gran mayoría es decir un
abanico de diversidad que nos permitiría diferenciar los problemas para ocuparnos de ellos de manera mas eficiente.

La internacionalización de las conductas violentas se dan naturalmente en los niños y
jóvenes, valores e ideales de conductas, de imitación inmediata, los adolescentes en general copian
hábitos y conductas de sus pares y de sus ídolos. Las acciones violentas de los jóvenes son
reproducciones de patrones de conductas y de ideas de los adultos y están acordes en las soluciones que
ellos ven a los problemas cotidianos. Cualquier manifestación de tipo violento,
es aprendida socialmente., es un reflejo de nuestra sociedad.

Desde
hace años leemos en los medios de comunicación social, alusiones o reseñas
sobre la violencia juvenil, generalmente están referidas a pandillas o a
delincuentes comunes de edades juveniles, o “bandas”, que están ligadas siempre
a presiones de grupo, pero jamás son estudios serios, demostrativos o de
seguimiento a dichas noticias, parecieran ser una vez más proposiciones de
titulares para el aumento de las ventas o para el lanzamiento de una nueva
serie de televisión. Discutir si la
violencia juvenil es mayor ahora, que hace veinte o treinta años , se hace
difícil, no hay estadísticas que lo prueben, lo que si es evidente que la
violencia del mundo es más conocida hoy que hace treinta años y por lo tanto
hay una mayor sensibilidad hacia el tema.
Otra
cosa es hablar de la participación de los jóvenes en actos violentos. En términos generales las pandillas son
hechos aislados y duran poco.